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¿Alcanzar
el Caribe o la fabula contemporanea
de imaginarlo? |
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Palabras
sueltas que no conducen a ningún destino
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Region
Caribe |
Suponer
inocentemente que una serie de palabras, casi todas desde un horizonte
emocional, pueden encontrarle un significado, un sentido o una
noción al Caribe, es la primera de las pruebas que debemos
superar cuando entramos de lleno a contextualizarlo.
El
baile, la música, la alegría, la gente, la costa,
el trópico, las risas, los sonidos, los negros, el turismo,
la geografía, la cultura, la brisa, las palmeras, el mar,
el puerto, la explotación, la diversidad, las heridas,
los colores, el comercio, la exuberancia, la libertad, la calidez,
lo salvaje, lo exótico, la fusión, el sueño
y la pobreza, son siempre las primarias formas de acercamiento,
salvables solo desde su intención aglutinadora y orientadora.
Adentrarse
con pantalones de explorador en la vastedad experiencial del Caribe,
tocando los filones de su historia, acariciando lenta y apaciblemente
su geografía, rozando las huellas raizales, amplificando
los modelos de producción y dominación, figurando
calculadamente su diversidad cultural y puliendo la multiplicidad
lingüística, pone de manifiesto, a ritmo de tambores,
la fragilidad de asociar al Caribe con palabras inconexas y fugaces,
apropiadas tal vez para componer un bolero, pero de ningún
modo para completar y analizar una región. |
Es
a partir del conocimiento exacto de la historia, la geografía,
la política, la economía, la cultura, la religión,
la lengua y la raza, articulada cada una de ellas con el trasfondo
global, como ligeramente cabe definir la totalidad del Caribe,
esa conjunción natural de trozos formados con piedra y
arena sobre la superficie no siempre placida de un mar extraño,
capaz de amancebarse cómplicemente y también de
encabritarse con torpeza sobre aquellos que aventureramente lo
navegan. |
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El
paso fronterizo de la imaginación a la realidad |
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Alcanzar
el Caribe como la figuración imaginaria que puede dársele
a algo que emerge de lo desconocido y empieza a cobrar una forma
insustanciada, romántica e idealizada, ajena de una materialización
conceptual de sus realidades, muchas de ellas extremadamente dolorosas,
se distancia forzosamente de una seria intencionalidad. No es
igual a alcanzar el Caribe con plena conciencia de la bisagra
intercontinental que su espacio trasnacional abre en el panorama
mundial.
Las
fronteras del Caribe, digámoslo de una buena vez, son tan
reales como su miseria, como el saqueo constrictor de posibilidades
que tuvo origen cinco siglos atrás y aun no termina, como
la dependencia en forma de adicción que sus gobiernos consumen
y como la tristeza del payaso que canta y baila cada vez que el
espectador paga por su presentación, llorando luego en
solitario su amargo desarraigo. El Caribe existe más allá
de las canciones, de la novelada felicidad de los turistas, de
la cinematográfica secuencia de escenas postales, de la
insoportable levedad de ser lo que nunca se ha sido.
Las
fronteras no se cruzan imaginariamente, el movimiento fronterizo
que irriga el territorio y lo hibridiza, se alcanza cuando se
tocan los cuerpos del pasado y del presente, y se participa de
la escanciada vitalidad que la muerte olfatea cercana en cada
rincón de cada isla y de cada espacio continental que se
nombra y se llama como uno solo. |
Para
entender el Caribe no solo basta con imaginarlo, no se llega con
sentirlo de pasada. La hegemónica mirada que el imperio
ha dejado, nos conduce a la ramplona consideración de objetivarlo
como un lugar extendido desde el pasado en alguna etapa intermedia
que hace transito sin tiempo hacia la modernidad. Vago sentimiento
repleto de infidelidades emocionales que un día nos lleva
a contemplar su exótica tropicalidad desde la alineada
asoleadora de un resort, y el otro, a lagrimear como doncella
en flor, las noticias de su inclemente destrucción natural
y humana. |
El
Caribe se abre como propósito sustancial dirigido a encontrar
una realidad natural incuestionable, la posibilidad de “imaginárnoslo”
sobre la base de ideas concretas, de hechos reales y de postulados
propios, construidos a partir del conocimiento y a partir del
entendimiento de las razones que le forman y le dan lugar culturalmente,
incluyendo dentro de esta categorización, la formulación
histórica, geográfica, económica, política,
religiosa y productiva. |
Esta
idea del Caribe en construcción, es tal vez lo más
cercano que se haya podido estar de un encuentro en la experiencia
cautelosa que significa alcanzarlo. |
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| De
territorio en medio de la nada a región globalizada |
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Debe
ser lo primero el señalamiento del surgimiento del Caribe.
Antes de la aparición en el horizonte de un nuevo continente
al cual todavía no se le había dado nombre ni forma
por quienes ambiciosamente lo buscaban, ahí en medio de
la nada, sin prevenir ni presentir lo que de ese contacto y primer
encuentro habría de darse, un territorio ya existía,
una población nacía y moría. La amenaza y
el miedo eran causa de la naturaleza, salvo en aquellas ocasiones
en que les daba por hacerse la guerra, pero a fin de cuentas,
con unos códigos de antemano establecidos y conocidos. |
Vino
entonces el desembarco, la tragedia, la explotación y la
impotencia. En una sola inmersión que al tiempo fueron
muchas, como si de chapuzones en el océano se tratara y
el agua fresca absorbiera, inundara, contagiara y revolviera,
el Caribe descubierto volvió a construirse sobre lo destruido.
Una constante que el destino ya le había escrito. La perspectiva
histórica nos posibilita reconstruir el hábitat
precolombino, el paso furtivo de las tribus migrantes desde las
islas del archipiélago hasta más adentro del continente
y viceversa, nos presta oídos para escuchar junto con el
sonido del viento los ruidos claros del día en que un continente
viejo y urgido, violentaba la frágil resistencia de una
región que no estaba preparada para el abuso. |
Después
de la primera, más fáciles pero no menos dolorosas
continuaron siendo cada una de las veces que el invasor dispuso
de su fuerza para tomar lo que a bien tuviera. El rostro de la
tierra mancillada fue siempre el mismo, mientras que las manos
atenazadoras del agresor fueron variando y regresando hasta engendrar
una compleja membrana que daría lugar a una región
única y proyectada para su incorporación en la economía
mundial. (1) |
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| Un
accidente convertido en modelo productivo |
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Cartagena
de Indias |
El
Caribe hoy podemos señalarlo teniendo claro que es un conjunto
de países insulares al que también se asocian algunos
continentales, no necesariamente bañados por el mar que
los convoca. El mismo mar, por cierto, con el cual se guardan
estrechas vinculaciones tanto de amores como de odios. Heridas
abiertas todavía, nos dan cuenta del trato despreciativo
con que los compatriotas andinos suprimieron por décadas
el acceso físico y mental a sus orillas.
El
Caribe de hoy tiene una extensión amplia que nos conduce
como si fuera una serpiente por los vericuetos de las tres Américas,
desde el Brasil hasta los estados unidos. Esta perspectiva más
que geográfica, la hacemos perceptible cuando seguimos
los ritmos y sonidos que salen de diferentes lugares como si fueran
uno mismo, en la ritualidad, en la forma, en el lenguaje, en los
gestos, en el comportamiento lleno de significados y significantes
comunes dentro del mismo Caribe.
Para
asimilar esa accidentalidad de escenarios y ambientes que antes
fueron distintos y ahora diversos, es necesario recurrir en este
proceso de comprensión a la idea de que el Caribe no estaba
en los planes de quienes lo descubrieron. El Caribe surge como
un accidente en el nuevo mundo acabado de descubrir. Accidente
que comienza también marcado por una falsa interpretación
de la identidad de sus pobladores y con un desconocimiento total
de lo que el hábitat representaba.
Este
territorio hallado, es el primer punto de contacto entre el viejo
occidente europeo y lo que a partir de ese momento empieza a llamarse
el nuevo mundo. En este nuevo mundo será el Caribe la bisagra
poderosa, determinante en el transito comercial intercontinental,
dando así paso a una primera globalización construida
para negociar los recursos de la tierra nueva, la trata de personas
y la producción exportable.
Todas
estas actividades que abrieron un mercado y un desarrollo comercial,
van a dar lugar a la “economía mundo” en la
órbita del Caribe (2). Una economía basada en la
autonómica identidad productiva que fue llamada la “Plantación”,
La gran máquina controladora de la vida y la muerte, la
fortaleza trágica del Caribe. Estas plantaciones que se
convirtieron en espacios reproductores a escala del colonialismo
y del imperio, marcaron como un hierro hirviente sobre la piel
del Caribe la naturaleza sincrética que acabaría
dándole forma e identidad. |
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Parque Tayrona de Santa Marta |
La
Plantación fue sistema de administración, de gobierno,
de convivencia, de formación cultural, de dependencia.
Fue en síntesis, espejo vibrante, refractivo y modelador
del Caribe. Su huella hoy se hace latente a través de la
actividad productora de la gran mayoría de países
que conforman la región, quienes todavía continúan
produciendo para exportar, tal como cientos de años atrás
lo enseño el sistema plantacional.
El
modelo productivo de las plantaciones fue el eje conductor del
Caribe, tanto, que desde los inicios de su constitución
e integralidad como territorio, le entregó potestades articuladoras
y orientadoras. Todas las posibles conformaciones del significante
social que acabó siendo el Caribe en el devenir de casi
cinco siglos, aparecieron convenidos desde el interior de las
Plantaciones, figura simbolizada y realizada como institución
protectora de los intereses y lucros imperiales, conectada desde
sus entrañas con el fluir sanguíneo de negros, indios,
mestizos, mulatos, criollos y forasteros venidos de distintos
rincones, modelando un cuerpo social de cuya simbiótica
relación emergió invisible y potente el espíritu
del Caribe. |
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| Una
población creada para el Caribe |
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Se
debe también señalar como un hecho caracterizador
del Caribe, la población que sobre él se fue constituyendo.
El exterminio casi total de los indígenas, rendidos muchos
por el esfuerzo y el cansancio de interminables jornadas de trabajo
que rápidamente agotaron sus frágiles facultades
físicas, y masacrados los otros por la fuerza desigual
de las balas y las espadas, dio inicio a la presencia del negro
africano en el Caribe, que significó una de las determinantes
más importantes no solo en la historia de dicha región
sino también de la humanidad en general. |
Fue
la diáspora negra (3) una pieza fundamental en la consolidación
del imperio y consecuentemente en la fundición del territorio
con la raza. Indios exterminados, negros determinantes y posteriormente
las bandadas migratorias de españoles, ingleses, holandeses
y franceses, le dieron una noción poblacional definitiva
al Caribe. |
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| Unidad
en la diversidad para construir la identidad |
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Puerto
de Barranquilla |
Es necesario también sembrar
una hipótesis esencialmente aplicable en desarrollo de
la contemporaneidad. La construcción de una integración
Caribe es posible solo dentro de la aceptación de su diversidad,
de tal manera que al asumirla se puede amasar una unidad que derive
finalmente en la identidad formal. El Caribe no tiene una raíz
única, porque no es solo africana, ni solo indígena,
ni solo hispana o inglesa o francesa. Es una suma de todas ellas,
por tanto, debe reconsiderarse atendiendo las motivaciones históricas
que le han permitido formarse y adaptarse como región,
habiendo sobrevivido en el intento.
La región
del Caribe se sostiene aun bajo la eterna dependencia que sus
distintos dominadores han legado, pero es innegable la excepcional
oportunidad que nos brinda para entender como una heterogénea
y disgregada sociedad como la que en ella habita, marcada por
la contradicción que se genera al observar la confortable
condición de una elite corrupta e influida por el narcotráfico,
cuando no por las migajas que las multinacionales y los organismos
internacionales con ella negocian, y la de aquellos vencidos por
el tiempo tanto como por las oportunidades, ha logrado la supervivencia
y más aun, fortalecido raíces nuevas pletóricas
de multiculturalidad.
Sumidos en una
distorsionada convivencia, se opta por proyectar un engañoso
bienestar que ha contribuido a hacer cada vez más ajena
la identidad del Caribe. Dadas las dimensiones de la transformación
que sobre la región Caribe se pueden mostrar, y en las
cuales es apenas obvio que se comprenda la importancia de encontrar
soluciones eficaces para aspectos tan protuberantes como la desigualdad
social, la exclusión económica, el narcotráfico,
la dependencia a los organismos de asistencia internacional y
a los gobiernos extranjeros, la actividad monocultivadora y la
sustitución de cultivos, etc., es fundamentalmente necesario
interrogarnos sobre las repercusiones que puedan llegar a amenazar
aun más la pretendida identidad. |
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Cabo
de la Vela (Guajira) |
La condición de inequidad
y marginación social que marca la situación presente
del Caribe, analizada, descrita y multireferenciada desde distintos
ámbitos de discusión, estudio y reflexión,
ha dejado en evidencia que la única alternativa de unión
en medio del antagónico escenario, solo es dable desde
la perspectiva plena de construir territorialidad cultural(4).
La región
Caribe vive una etapa de cambios que no acaban de concretarse.
La respuesta afirmativa para la definición de una identidad
regional solo es posible entonces asumirla con la aspiración
de que sea desarrollada a través de una iniciativa que
no rechace ni margine la pertenencia territorial. Tal vez de esta
manera sea viable suspender el avance que ha conducido al Caribe
a ser un reducto urbano huérfano de expectativas, marginado,
acosado y habitualmente abandonado.
Es su aceptación
como territorio cultural, el círculo formador del Caribe
en su irrenunciable aspiración identificatoria. He aquí
el esfuerzo que se abre propositivamente para quienes habitándolo
más allá de lo imaginado, deseamos empezarlo a concretar.
Lenta y giratoriamente como a un pequeño tornillo que el
paso del tiempo ha aflojado, tenemos que ir apretando hasta agarrarlo
con firmeza, sin temor de que en las manos se nos suelte. |
| Juan
Carlos Gossain |
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| Pie
de Paginas! |
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(1).-
se hace referencia al acercamiento de economías y culturas
alrededor del mundo, que figuran una relación de dependencia
global. Immanuel Wallerstein al utilizar por primera vez el concepto
de “sistemas mundo”, como un sistema euro céntrico
de dominación regional, predefinió la llegada de
un sistema más amplio y totalizante, el modelo global o
comúnmente llamado Globalización. Es particular
la observación que podemos hacer del Caribe en su perspectiva
de participación mundial. Primero fue su caracterización
como colonia de varios imperios, luego su inclusión en
el “sistema mundo”, y ahora, su integración
no totalmente consensuada en el ámbito global. |
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(2).-
la economía mundo permite entender el Caribe en
su significado mundial, es decir, la preponderancia que fue asumida
por los imperios para crear y mantener intereses dentro de esta
región. |
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(3).- El tráfico
de negros hacia América se ha precisado a partir de una
cifra que arranca en los diez millones aproximadamente y continúa
sin establecerse su totalidad. |
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(4).- “El
concepto de territorio no es un concepto simple, no sólo
por su importancia en la vida cotidiana de los seres humanos,
sino por la multiplicidad de usos y significados que le hemos
conferido a raíz de su reconocimiento como uno de los conceptos
básicos de la vida humana(….). En otras palabras,
el territorio no es tan sólo nuestra ubicación espacial,
es también nuestro referente de ubicación social
y, por tanto, el referente para nuestro comportamiento en la relación
con los demás, en cada instante de nuestra vida. Por ello,
la territorialidad es un despliegue permanente de múltiples
escalas, que se pueden ver como anillos a partir de uno mismo:
hay una territorialidad inmediata que es nuestro cuerpo; un segundo
nivel se define por las relaciones íntimas con nuestros
allegados más cercanos a quienes, por lo general llamamos
familia; un tercer nivel se define como la comunidad, esa unidad
mínima con la que compartimos un universo de significados;
un cuarto nivel consiste en la unidad mayor en la que se articulan
las pequeñas comunidades locales que forman una sociedad;
y así continúan los circuitos de articulaciones
en forma sucesiva”. Gerardo Ardilla, Profesor del Departamento
de Antropología y director del Programa de Ecología
Histórica, del Centro de Estudios Sociales –CES--,
de la Universidad Nacional de Colombia.- Conferencia sobre cultura
y desarrollo territorial, junio 29 de 2006. |
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