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150 AÑOS DE LA
UNIDAD DE ITALIA -
I PARTE
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Uno
puede tener 100 años, y sin embargo caer en el simplicísimo
de echarse en aventuras que deplorará, como me pasa a mí
en este momento por tomarme compromisos, como este de escribir
sobre argumentos que desconoce o de los cuales ha leído
en textos escritos normalmente por personas – las llamadas
“Memorias” – cuyo interés es lo de reparar
una personalidad dañada por eventos muy desfavorables.
Mi gran consuelo es cuando mirando el canal de la RAI, veo y escucho
unos personajes discutir acerca de sucesos históricos,
evidentemente no vividos por sus edades, y con interpretaciones
de los hechos que, muy fácilmente, identifica el autor
de los textos sobre los cuales se basa para decir tantas estupideces.
Otro consuelo es que yo, por lo menos, mitad de aquellos años
los he vivido, por lo que las boberías que pueda decir
son propiamente mías. Dicho esto, creo oportuno avisar
que cuanto sigue no es rígidamente histórico. Si
el lector quiere una crónica con fechas, referencias, opiniones
de la época etc. etc. mejor no siga con la lectura. Aquí
se refleja solamente los recuerdos de un hombre cualquiera, con
ideas absolutamente personales y con recuentos de hechos acaecidos
en familia los cuales, pero, reflejan la mentalidad del italiano
mediano y la filosofía menuda gracias a la cual hemos conseguido,
los italiano, superar tragedias y momentos de mortificaciones
por que, en el fondo, casi en la inconsciencia, existía
el orgullo de una origen de extraordinaria grandeza (en todo los
campos del actuar humano e del saber).
Desde aquel
“Obedezco” de Teano en el 1861 * hasta hoy, nuestra
Italia ha sido traqueteada en ese cubilete que se llama Europa,
involucrada en guerras, la primera y la segunda que han costado
millones de muertos y toda una serie de hechos que, mirados en
prospectiva y juzgados con mente fría, no permite concluir
quien fue el ganador y quien el vencido (y quien tenía
realmente la razón, aun si superficialmente pareciera que
realmente los provocadores hubieran sido quienes no la tenían). |
| Que
se hubiera llegado a la unidad, por lo menos geográfica,
era fácilmente previsible: una península rodeada
por el mar y con una sola frontera
al norte constituida por una barrera de montes que parecía
haber sido hecha expresamente para ser una frontera y además
con un idioma que, prescindiendo de las abigarradas variaciones
de los centenares de dialectos, es igual. Obviamente no fue así
desde el principio: a partir de las raíces históricas
romanas, y aun antes con las colonias che venían por el
mar del sur, griegas, etruscas e indoeuropeas, todas las razas
que aportaron grandes cuantidades de cultura, pero reticentes
para aglutinarse. Existía latente una raza, los itálicos
o italiotas, que empezaban a constituirse en bloque común.
Con la fundación de Roma, los “rudos” romanos
no perdieron tiempo: vencieron fácilmente las varias colonias,
empezando por el sur y después hacia el norte, ocupándose
de los celtas que se habían radicado en la ubérrima
llanura padana y, siguiendo, pasaron los Alpes y ocuparon todo
cuanto posible, menos algunos países del norte donde, me
imagino, que por el frio perro que había, decidieron que
no era el caso. |
Naturalmente
las cosas bellas duran poco: pasito, pasito también los
romanos empezaron a tramontar. Algunos pueblos mas rudos de ellos,
los reenviaron de donde habían venido, o se de Roma y el
imperio empezó a resquebrajarse. Pero era el imperio romano,
todavía no era la “Italia”. Lo que sucedió
después fue sencillamente la historia de siempre que se
repite: a los más rudos les pasó lo mismo que a
los romanos cuando llegaron a Grecia: o sea fueron “asimilados”
por la civilidad y no fueron después ya tan rudos. El periodo
sucesivo fue lleno de sucesos por el va y ven de pueblos, unos
con ganas sencillamente de expandirse, otros “llamados”
para que vinieran para reponer las cosas en su sitio. Mientras
tanto había nacido otro potentado que era Dios, o por menos
en su nombre, el cual aun teniendo como base el “espíritu”
se había vuelto lentamente un súper estado con un
poder nada menos que universal. En el principio con ejércitos,
con batallas victoria y derrotas, después, en ultimo, con
pocos hombres armados de alabardas, pero siempre con un poder
elevadísimo.De toda esa miscelánea de sucesos (estamos
hablando de más o menos 2700 años) nos acercamos
al tiempo inmediatamente anterior a lo que llamamos “unidad
de Italia”. En efecto nuestro “bello País”
en esta época era un conjunto de estados, pequeños
y pequeñitos, regiones, departamentos y hasta municipios.
La mayoría ocupados por naciones extranjeras: franceses,
austriacos, españoles, y todos los que se quiera…
Por lógica no podía durar: en particular porque
las naciones ocupantes no eran particularmente amigas entre ellas.
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Desde
el Piemonte se oye algunos “toques de trompetas”:
un vástago de la casa Saboya, Carlos Alberto, Príncipe
de Carignano y Rey de Cerdeña, autor del “Estatuto
Albertino” con lo cual se constituye en una de las primeras
monarquías constitucionales, comienza a hablar de una Italia
unida; mientras tanto aparece un personaje bastante pintoresco,
nacido en Niza y que con solo 30 años había participado
en la insurrección en Brasil y tres años después
en la de Uruguay, el cual por lo tanto no podía eximirse
de volver a Italia adonde ya estaba madurando el espíritu
de la independencia, por lo cual debió luchar antes contra
los austriacos en el norte y después contra los españoles
( Reino de la dos Sicilias) en el sur. Era Giuseppe Garibaldi:
un hombre por cierto extraordinario con una concepción
de la libertad que se había vuelto su forma de vida.
Mientras tanto habían surgido
algunas sociedades secretas, los carbonarios, los cuales comenzaron
sus actividades de boicoteo, pero fueron reprimidos en forma muy
cruel; después Mazzini y su joven Italia fomentó
aun más el espíritu de independencia. Y todo eso
constituyó el comienzo de un Resurgimiento Italiano que
no tuvo por cierto un principio muy afortunado por la resistencia
de los austriacos. En este momento la tropas piamontesas entraron
oficialmente en campaña, comandadas por Vittorio Emanuele
II, el sucesor de Carlo Alberto, con su consejero el Conde de
Cavour, derrotando los austriacos (con la ayuda de los franceses,
sus acérrimos enemigos). Garibaldi derrota los españoles,
después de una histórica expedición de los
mil, la cantidad de seguidores que fueron con el, llamados “camisas
rojas”, los cuales en un desembarque improviso a Marsala,
Sicilia, obtuvo resultados bélicos definitivos sobre las
tropas españolas. Regresado, para terminar la obra, en
Campania, se encuentra con las tropas piamontesas encabezadas
por Vittorio Emanuele II se Saboya. Y justamente allí,
en aquella ocasión, en Teano, Giuseppe Garibaldi Reconoce
la autoridad del nuevo Rey de Italia. Unos años después
con la entrada de las tropas italianas en Roma, termina el poder
temporal del Papado y la Ciudad será la capital de la,
finalmente Italia.
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Cuanto
hasta ahora dicho puede hacer determinar que todo fue obra de
los Saboya y de Garibaldi: no es así. Baste decir que puso
su patica también Buonaparte, si, propiamente él
y escrito de este manera, porque también el había
nacido italiano. Viene a Italia y constituye de inmediato una
República Italiana, que después fue Reino de Italia
con él, siempre él, Buonaparte, proclamado Rey el
18 de marzo 1805. De todas maneras para que Italia pueda finalmente
ser estado independiente y soberano, debe primero caer el segundo
imperio francés. Era el año 1870, aproximadamente.
Pensándolo bien, recuerdo que por el tiempo en el cual
estudiaba esta parte di historia, tenia la impresión de
vivir en una zarzuela, per muy poco tiempo después todo
se volvió una tragedia.
Hay que aclarar que la monarquía
italiana no era absoluta, si no constitucional, por lo cual debía
existir necesariamente un gobierno, con senado y cámara
de representantes. Los gobierno que se habían sucedidos
desde el principio fueron de derecha; existía Italia, pero
Austria ocupaba todavía el Trentino/Alto Adige y Niza,
La Saboya e la Córcega pertenecía a Francia. Italia
empezó una penetración en África, cosa que
hacían desde mucho tiempo todas las naciones europeas:
Inglaterra, Bélgica, Holanda y Francia ya habían
ocupado los territorios más prometedores en cuanto a yacimientos
y llanuras fértiles. Cuando lo hizo Italia, lo qua había
quedado eran pocos territorios, mas que todo desérticos,
Somalia, Eritrea y Libia tal vez la mas interesante, pero eso
cuando mucho mas adelante se supo de los ricos depósitos
de petróleo (pero cuando se supo ya no era de Italia). |
Cuando
en 1914 estalla la primera guerra mundial, Italia declara neutralidad
en un comienzo, pero el año después, 1915, con la
firma del Tratado de Londres finalmente entra en el conflicto
a lado de los aliados, contra el imperio austrohungárico
(el cual todavía ocupaba parte del territorio italiano).
Y en muy poco tiempo toda Europa se encontraba en llamas. 8 millones
de muerto (de los cuales 530 mil italianos) cuesta la guerra,
cuyo final se acorta gracias a la entrada en guerra de los Estados
Unidos de América en 1917. Efectivamente el año
siguientes, los aliados consiguen convencer a Alemania y Austria
a firmar un tratado (Versalles), la cuyas condiciones provocaran
en menos de 20 años después, el estallido de la
segunda guerra mundial. Condiciones de las cuales también
aprovechó, como vencedor, tonando en posesión del
Trentino Alto Adige hasta el Brennero, Trieste e Istría.
En el Reino de Italia, mientras
tanto, a Victorio Emanuele II, sucedió Umberto I (asesinado
en 1900) y después Victorio Emanuele III. Los gobiernos
de derecha no consiguen solucionar los problemas de pobreza, muy
cercanos a la miseria mas absoluta, en particular en las regiones
del sur, que inducen a emigraciones masivas, de millones!, dirigidas
en particular a las Américas. |
Cuando
sube al poder Crispi, un anticlerical de base que constituye un
gobierno de izquierda, naturalmente los problemas se multiplican
por la hostilidad del clero y del pueblo en general en un ambiente
en el cual el parecer del párroco era determinante.
La
situación es particularmente favorable por la llegada al
poder de Benito Mussolini e sus “camisas negras” (tal
vez por contraste con las rojas garibaldinas), los cuales con
una “marcha a Roma” obtienen che el Rey lo nombre
Primer Ministro (Jefe del Gobierno) iniciando un régimen
dictatorial que durará mas de 20 años. Mientras
tanto… había nacido yo que todavía duro, pero
sin régimen ni poder. Este detalle es importante en cuanto
lo que sigue y contaré lo conozco por vivido.
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